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Un día en el Desierto Florido chileno

Tras la lluvia, grandes partes de la región de Atacama cambian por completo: El desierto se retira por un tiempo, dejando un manto de verde y los vivos colores de las flores que se apresuran para desarrollarse antes que la sequía implacable vuelva a poner su ley en la región. Se trata de el Desierto Florido. Ernest nos explica en primera persona lo que vió y sintió durante su excursión durante la floración que tuvo lugar en el 2015.
Los primeros pasos rumbo al desierto

Poco tiempo después de llegar a Chile a finales de julio del 2015 para cursar mi último año de carrera en un intercambio, empecé a ver noticias de que las lluvias que había habido en el norte del país iban a propiciar un fenómeno muy interesante: El Desierto Florido. Como biólogo y aficionado a la fotografía de naturaleza esta información me despertó mucho interés, ya que además se daba en la suerte de que ocurría mientras estaba en el país.

Después de mucho postergarlo por compromisos con la academia, la inseguridad de cómo llegar, a donde ir y lo que me iba a encontrar y la dificultad de encontrar con quién ir, decidí a última hora que el viernes día 6 de noviembre era el día, puesto que me habían llegado informaciones que la floración estaba decayendo muy rápidamente después de casi un par de meses. Así que me puse manos a la obra y preparé una mochila bien cargada con agua y comida para dos días, una capa de abrigo por si acaso, la cámara con un par de lentes, un recambio de ropa, el saco de dormir y una esterilla que serviría en caso de  pasar la noche en vivac.

 

Después de lluvias ocasionales, las flores toman amplios sectores de la parte sur del Desierto de Atacama
Primero, hacia el norte

El lugar de destino, para empezar, seria Vallenar, situado unos 650km al norte de Santiago. El viaje seria por la noche en un bus nocturno, para llegar así temprano por la mañana y tener el día entero para recorrer el desierto y, con suerte, encontrar aún algunas flores bien bonitas.

El viaje transcurrió apaciblemente, con la sola anécdota de un terremoto de magnitud 6,0 de Richter que sacudió de madrugada la ciudad de La Serena justo en el momento en que el bus paró en el terminal de la  ciudad. Cosas de Chile. Pasada la sacudida volví a dormir y sin más novedad llegué a Vallenar cerca de las 8 de la mañana, aún con la última oscuridad huyendo del cielo.

 

¿Y después?

Mientras las luces se apagaban y el cielo se aclaraba definitivamente, la primera decisión a tomar: ¿A dónde ir? Sabía que el desierto florecía alrededor de Vallenar, y hacia el norte, dirección a Copiapó. Pero ni idea de dónde ir para encontrar las flores, si es que aún quedaban. Así que debía seguir hacia el norte, pero había dos rutas posibles: por el interior, siguiendo la Ruta 5 (la famosa Panamericana), donde había visto fotos de floraciones masivas de pata de guanaco (Cisthanthe grandiflora); o dirigirme hacia la costa y visitar Huasco y el Parque Nacional de Llanos del Challe, dedicado en parte a la protección del Desierto Florido.

La decisión la tomó el mundo por mí, ya que en este momento salía una «micro» dirección a Huasco desde enfrente del terminal de buses de larga distancia. Casi una hora después llegaba a Huasco Bajo, punto desde donde parte la ruta del desierto costero. «So far so good», que dicen.

La primera flor del día

De allí en adelante no había más transporte público, así que tocaba ir en Auto-stop («a dedo» en el lenguaje local). Tras cruzar caminando el puente del río Huasco, que con su agua permite una especie de oasis verde de cultivos en medio del desierto, vi la primera flor del día: una añañuca amarilla (Rodophiala bagnoldii) creciendo solitaria en el terraplén al lado de la carretera. Tras caminar unos minutos más, me di cuenta que había decenas de estas añañucas escampadas por la arena del desierto. Iba en buen camino.

 

Añañuca amarilla, ya con frutos en avanzado estado de maduración.

 

De auto en auto y la grandeza del desierto

Con un poco de paciencia conseguí que me llevaran hasta unos 20km más al norte, a medio camino del Parque Nacional. Al lado de la ruta se iban viendo cada vez más flores y, a parte de las añañucas amarillas aparecieron también los cactus floreciendo, pequeños parches de pata de guanaco aún con flor… Se notaba que la máxima floración había pasado ya hacía unos días, pero me ilusionaba ver que aún quedaba algo por ver.

Añañuca emergiendo sobre un mar de Patas de guanaco

El segundo vehículo que me tomó me llevó por unos 5 km más antes de desviarse a una pequeña caleta de pescadores. En este momento me quedé completamente solo en medio del desierto, rodeado por el silencio. En aquél punto la carretera estaba completamente vacía y no pasó ningún vehículo durante casi una hora. La sensación de quedarse solo, a pie, con nada más que la mochila en una carretera vacía que se extiende recta hasta donde alcanza la vista, es difícil de explicar. Momentos como estos son los que llevan a uno a plantearse muchas cuestiones acerca de nuestro papel en el mundo.

A lo que íbamos. Tras pasar algo más de media hora sin ver un alma humana, me recogió una pareja joven que estaba haciendo tours por el desierto en una antigua furgoneta, con cuatro personas más, una pareja de mediana edad de estadounidenses y dos jóvenes alemanes. Muy amablemente me permitieron acompañarles durante el resto de su jornada y con ellos pude continuar para descubrir las maravillas del desierto florido.

 

 

 

Un poco tarde, pero increible

La siguiente parada que hicimos fue en uno de los parches más grandes de pata de guanaco (Cistanthe sp.) que aún quedaba, situado en una pequeña quebrada cerca del mar. Las flores se extendían por una superficie no menor a un par de hectáreas, interrumpidas por los cactus, las añañucas amarillas y algún que otro arbusto ya sin hojas ni flores.

 

La Garra de León

La siguiente parada fue para buscar una de las flores más buscadas del desierto florido, la Garra de León. La encontramos en una vertiente dentro del PN Llanos del Challe, donde había más de una docena de flores. Es muy impresionante ver esta flor creciendo en medio de la piedra y la arena. Con un color rojo intenso y el tamaño de una naranja, las inflorescencias son realmente espectaculares. Al ser una flor endémica del desierto florido costero, y sumado a su gran atractivo que lleva a su corta como flor ornamental, esta especie está en riesgo de desaparecer.

 

La Garra de León, una de las flores más buscadas del desierto florido.

 

No sólo de flores vive el desierto

Seguimos dirección al norte, pasando por el humedal de Carrizal Bajo, un oasis de agua salobre en el desierto y punto de descanso y alimentación de muchas aves acuáticas. De allí, unos kilómetros más al norte, hasta llegar a otros parches de pata de guanaco en flor, sin duda la estrella del día. De nuevo, y aunque la floración ya estaba a su fin, pude contemplar la belleza de los mantos de flores extendiéndose sobre las dunas costeras, con el mar de fondo.

Entremedio, muchos reptiles de distintos tamaños que se refugiaban a la sombra de los pocos arbustos del lugar, que huían rápidamente de cualquier movimiento. Entre ellos, conseguí identificar una iguana chilena (Callopistes palluma) de tamaño considerable, que se quedó quieta el tiempo suficiente como para apreciar con detalle los colores anaranjados de este bonito animal.

 

Floración de una de las muchas especies de cactus de la región.

 

Las últimas horas del día

Regresamos a Huasco alrededor de las 3 de la tarde. Tiempo para comer una empanada de mariscos y conversar con los guías del tour que tan amablemente me habían llevado. Me comentan como la región está empezando a tomar en valor el desierto florido, y reclaman que desde las administraciones se les apoye para generar la infraestructura para atraer visitantes a este impredecible evento, al mismo tiempo que se apoyen medidas para su conservación.

Aproveché las últimas horas de la tarde visitando el humedal de la desembocadura del río Huasco, donde se concentran también muchas aves playeras y acuáticas. Rayadores, pilpilenes, pelícanos y varias especies de gaviotas, entre otras aves, encuentran un lugar de descanso enmedio del desierto, cada vez más escasos.

 

 

Durante los primeros días de septiembre de 2017 estaremos en La Serena saliendo diariamente a visitar el desierto florido. Estaremos encantados de contar con su compañía!
Para más información sobre como llegar, dónde alojarse y qué más visitar a la región, recomendamos este completo post de La Bitácora de Viajes

 

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